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Lcdo.- Héctor Rafael López 
 CNP 21512 
 

 

En la segunda carta que el apóstol Pablo le escribiera cerca del año 65 del primer siglo de nuestra era al joven discípulo Cristiano Timoteo, se profetiza que el mundo actual se enfrentaría a “Tiempos críticos y difíciles de manejar” entre otras cosas, según señala el apóstol Pablo; porque los hombres serian: “feroces altivos, no tendrían cariño natural y no estarían dispuestos a ningún acuerdo, hinchados de orgullo y con una forma o apariencia de ser devotos a DIOS” (2daTim 2:1-5), y es cierto que la humanidad siempre ha tenido tiempos críticos en diversos países y localidades, sin embargo en el año 1914 se suscito un hacho que marcaria un hito muy relevante en la historia de la humanidad: el 28 de junio de 1914, un militante nacionalista serbio cometió el llamado “Atentado de Sarajevo”, asesinando a Francisco Fernando de Austria(heredero del Imperio Austrohúngaro) y su esposa. Esto generó una crisis internacional que la diplomacia no pudo resolver. 
 
Un mes después, el 28 de julio de 1914, Austria-Hungría le declaró la guerra a Serbia. Al día siguiente Rusia (que se autoproclamaba protectora del paneslavismo) ordenó la movilización general de su tropa. El 1 de agosto, Alemania le declaró la guerra a Rusia, ya que consideró la movilización militar rusa un acto de guerra contra Austria-Hungría (con quien estaba aliado en la Triple Alianza). Por otro lado, Francia –aliada de Rusia– le declaró la guerra a Alemania ese mismo día. 
 
Comenzada la Guerra, Gran Bretaña se sumó a la Entente Cordiale, y en 1915 también lo hizo Italia (rompiendo su alianza con Austria-Hungría). Por el otro lado, el Imperio Otomano se sumó a las Potencias Centrales. Se había dado inicio a la 1ra. Guerra Mundial. 
 
A todas estas los estados Unidos de Norteamérica, bajo la presidencia de Woodrow Wilson, había conseguido tejer un delicado equilibrio político, durante dos años y medio, para mantener al país fuera del conflicto europeo, a menudo enfrentando una intensa oposición política interna. 
 
Wilson era un intelectual reservado y severo, descendiente de escoceses presbiterianos. La neutralidad se convirtió en el lema de Wilson y en el eje de los tratos del país con Europa. Su traumática experiencia como niño de un estado sureño durante la Guerra Civil estadounidense lo llevó a decidir que el país debía quedar por fuera del conflicto europeo cuando comenzó, en 1914. Para disgusto de muchos críticos, entre ellos prominentes republicanos como el ex presidente Theodore Roosevelt, Estados Unidos se convirtió en una nación neutral “tanto en pensamiento como en acción”. Luego de ser reelecto presidente de los Estados Unidos; el31 de enero de 1917, en un discurso ante el Senado, Woodrow Wilson instó a los legisladores a que, cuando terminara el conflicto en Europa, lo ayudaran a forjar los “fundamentos de la paz entre las naciones”. 
 
Pero Wilson se vio forzado a cambiar de opinión de forma abrupta. 
 
Una semana después de ese discurso, el embajador alemán en Washington D.C., Johann Heinrich von Bernstorff, llamó al secretario de Estado, Robert Lansing, Von Bernstorff tenía consigo una carta en la que Alemania declaraba la reanudación de su política de ataques submarinos sin restricciones. Ta había dado muerte a unos 120 norteamericanos que viajaban en un barco ingles destruido por un bombardeo Alemán Así comenzó la cuenta regresiva. Primero se rompieron los lazos diplomáticos. Luego se intentó un punto intermedio que Wilson calificó de “neutralidad armada”. Pero el tema no terminó allí. 
 
Un telegrama enviado a México de parte del ministro alemán de Relaciones Exteriores, se filtró a la prensa y enfureció a la opinión pública. La propuesta de Alemania enviada a través de la embajada alemana en México, tenía un mensaje directo: “Hagamos la guerra juntos, hagamos la paz juntos”. 
 
En concreto, Berlín le ofrecía a México un generoso apoyo financiero para entrar en guerra con Estados Unidos y recuperar los territorios de Texas, Arizona y Nuevo México, conquistados en el siglo XIX por su poderoso vecino del norte. 
 
El 6 de abril de 1917, el presidente firmó su declaración oficial. Estados Unidos entraba en la Primera Guerra Mundial. 
 
Su lema ahora fue: “el mundo debe ser un lugar seguro para que exista la democracia”. 
 
Si bien la Primera Guerra Mundial afectó a algunas regiones europeas, la crisis económica que se desencadenó al final afectó a todo el planeta y cuestionó los propios planteamientos del sistema capitalista. Se originó en Estados Unidos y se extendió por todo el mundo. 
 
La Primera Guerra situó a Estados Unidos en una posición privilegiada frente al resto del mundo, convirtiéndolo en el gran proveedor de materias primas y productos alimenticios e industriales. El crecimiento industrial fue extraordinario, basado en las teorías de Taylor y Ford sobre organización del trabajo y producción en serie. Todo lo aquí expuesto condujo a lo que se llegoa conocer como la gran depresión, que condujo al surgimiento del nazismo, luego a la segunda guerra mundial, a la guerra fría, a la globalización y el pensamiento único. Al pulseo en nuestros días de las grandes potencias militares y económicas, sin dejar de lado el antagonismo ideológico que ha originado múltiples guerras de origen local, la llamada crisis de los misiles en el gobierno del presidente Nixon; Invasiones a diferentes países, asesinatos de presidentes, bloqueos y guerras económicas, la muerte de cientos de miles de migrantes en todo el mundo especialmente en el mar mediterráneo, un conato constante de guerra y al sufrimiento extremo de la raza humana. 
 
En verdad “tiempos críticos y difíciles de manejar”
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